Relieve e Hidrografía de Chaco

El territorio provincial está ubicado sobre la llanura chaqueña, con pendiente del oeste hacia el este, en la que, a pesar de su aparente uniformidad topográfica, existen pequeños rebordes de gran influencia para el escurrimiento de las aguas superficiales y subterráneas.

El agua es el gran agente modelador del medio, ya sea por exceso o por déficit.

En el noroeste, zona denominada El Impenetrable, el relieve es llano, con un ligero abovedamiento que parte aguas entre los ríos Bermejito al norte y Salado o Juramento al sur, hacia los cuales no existe escurrimiento superficial. Corresponde a una extensa llanura interfluvial fósil, surcada por ríos muertos cuyos cauces se abren en abanico, relativamente elevados sobre el nivel de la llanura y enmarcados por potentes albardones.

Los caudales intermitentes que escurren, dependen de las grandes lluvias locales. Su morfología responde al modelaje de corrientes mucho más caudalosas y regulares, por lo que es lícito asociarlos con antiguos cauces del inestable río Salado, que ha ido desviándose persistentemente hacia el sur.

Las deambulaciones laterales del río Bermejo, hasta alcanzar su curso actual por invasión del cauce del río Teuco, generaron un amplio valle fluvial que entre este último y el Muerto alcanza un ancho de más de 50 k.

Su relieve es confuso, ya que presenta una red enredada de cauces secos colmatados y enmarcados por elevados albardones, además de cauces profundos y abandonados que están delimitados por riberas abarrancadas y curvas; estas se transforman en lagunas temporarias en épocas de lluvia, y a ellas se suman los bañados que se alojan en las depresiones, impedidas de desaguar normalmente.

El río Bermejito, que escurre por el cauce del Bermejo, se alimenta por los derrames del Teuco y los que ocasionalmente le aporta el río Dorado desde las Sierras Subandinas, si logra superar los bañados del Quirquincho, en Salta. Además, cuando ocurren precipitaciones excepcionales en su curso, se producen inundaciones en extensas áreas, logrando reactivar en este caso también al río Muerto.

La planicie central es un área chata y ligeramente elevada que actúa a manera de umbral, separando los ambientes del oeste semiárido -sin escurrimiento superficial- de la zona húmeda oriental, que se resuelve en bañados, esteros y cañadas. Orientada de sudoeste a nordeste, en su sustrato yace, en partes a solo 300 m de profundidad, el llamado “arco charata”. El límite oriental de esta zona está dado por un pequeño escalón de escaso desnivel, apreciable sólo en contados lugares.

La escasez de agua superficial y la deficiente calidad del agua subterránea se dejan sentir como factores limitantes del desarrollo regional. Ello motivó la construcción de un acueducto desde el río Paraná hasta Sáenz Peña.

La zona de los bajos submeridionales es un área extremadamente aplanada ubicada al sur de la provincia, con una débil pendiente hacia los bajos santafesinos, que origina un escurrimiento muy lento bajo un régimen climático de gran variabilidad. Este comportamiento del agua influye en el perfil de los suelos y en la migración de las sales, lo que trae como consecuencia el desarrollo de amplias zonas de suelos salinos.

Por otra parte, una capa de aguas subterráneas de alto contenido salino fluctúa a pocos centímetros de la superficie, permitiendo el ascenso de sales por capilaridad en las épocas de sequía.

Los esteros y cañadas se presentan en una extensa llanura de muy escasa pendiente que se acentúa suavemente hacia el sudeste. Acompaña la margen derecha del río Bermejo y muestra un modelado fluvial en el que han intervenido tanto los ríos autóctonos (Oro, Guaycurú, Tragadero, Negro y otros menores) como el propio Bermejo.

Las cabeceras de los ríos se localizan en una zona de relieve muy chato, de deficiente drenaje, con formación de extensos bañados y esteros alimentados por lluvias locales del orden de 1 000 a 1 200 mm anuales. Los procesos de colmatación de los esteros amplían las superficies inundables, que se cubren con una delgada película de agua. Esta se evapora lentamente en el verano por efecto de las elevadas temperaturas y se incrementa en el otoño cuando disminuye el calor.

Hacia el este los albardones actúan como diques de contención y los interfluvios aparecen como cubetas en las que se acumula el agua.

 

Valle del Río Paraguay – Paraná

La falla por donde escurre este sistema fluvial fue afectada por movimientos diferenciales que provocaron el descenso de la margen chaqueña, contribuyendo a la formación de un ambiente deprimido. Se distinguen dos tramos: al norte, el valle del Paraguay de curso sinuoso, y al sur, el del Paraná, cuyos caudales influyen en el escurrimiento de todo el sistema y cuyas crecientes se ven dominadas por el flujo de las aguas del Paraguay y sus tributarios.

En ambos valles se diferencia el plano de inundación por el que los ríos escurren formando curvas, islas aluviales y barras arenosas que obstruyen la circulación del agua y, en un nivel más alto, forman terrazas escalonadas. Estas son alcanzadas por la ribera activa del río en escasos puntos, que son propicios para el establecimiento de puertos, como los de Barranqueras y Vilelas.

El plano de inundación del valle del Paraguay tiene la influencia del aporte de tributarios de gran capacidad de carga, como el Bermejo; esos afluentes acarrean la mayor parte de los sedimentos depositados en un complejo de formas propias de delta, que alterna con los remanentes de las terrazas. Este proceso se acentúa en el valle del Paraná, acumulándose los sedimentos sobre la margen chaqueña.

La terraza inferior presenta un albardón en la zona de contacto con el plano de inundación y un trasfondo de bajos inundables.

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