Biomas de Catamarca

Dentro del territorio de La Puna, los suelos esqueléticos caracterizan la pobreza de materia orgánica y determinan el dominio del bioma estepa de altura, con vegetación espinosa de porte pequeño, reducidas hojas y raíces extensas que buscan la humedad profunda.

Las cactáceas retienen el agua en sus tejidos, en tanto los cojines de yareta son sobreexplotados para aprovechar su cobertura resinosa como fuente de provisión de calor, al igual que el resto de las plantas leñosas que brindan escaso alimento al ganado y combustible de pocas calorías a la población.

Esas especies se agrupan en pequeños núcleos, abastecidos por los cortos caudales que humedecen los suelos de las vegas graminosas. Los vientos fuertes barren las cumbres más frías y dejan vivir solamente vegetación rastrera y líquenes.

También podemos encontrar cuerno de cabra, añagua, pasto puno y tola. En disputa por la escasa vegetación disponible, subsisten en estado salvaje el guanaco y la vicuña, cuya protección lanar les permite colonizar el hábitat. Otros animales que se puede encontrar son conejo de palo, pericote de las arenas, cuis, zorro y lagartija, entre otros.

En el territorio de las sierras el relieve actúa como organizador del drenaje superficial hacia los valles. En algunos casos la franja de pobre vegetación xerófila (espinillo, jarilla, tala) que aprovecha la escasa materia orgánica de los suelos, permite adivinar el curso de los torrentes estacionales.

En otros sectores la arena es removida por los fuertes vientos y forma médanos donde se enraíza la vegetación psamófila (plantas adaptadas a los sustratos o biotopos arenosos, dependientes de la movilidad del suelo), como por ejemplo, zampa, lamar del médano y tupe, entre otras.

Los terrenos de superficie quebradiza, impregnados de sal, sostienen la vegetación halófita (adaptada para soportar la alta concentración de sales), de color verde grisáceo y pequeñas hojas carnosas, como por ejemplo, el pasto salado, vidriera o jume.

En los bordes del Bolsón de Andalgalá la población se instala formando pequeños oasis (Pomán, Saujil, Andalgalá y Belén, entre otras), que aprovechan las esporádicas corrientes que bajan de las sierras y los acuíferos, lo que permite el desarrollo de una agricultura de subsistencia.

En el este podemos encontrar llamas, gatos monteses, pumas, gatos de los pajonales, hurones, comadrejas, vizcachas, matacos, conejos, liebres, lagartos, víboras venenosas, aves rapaces y gran variedad de pájaros.

El complejo clima-vegetación-suelo ofrece un variado cuadro, donde el tapiz vegetal se diferencia según corresponda a los faldeos serranos, a las laderas bajas o a las depresiones.

El monte arbustivo, leñoso y de escaso follaje, se achaparra y empobrece en las superficies abiertas, debido a que la evaporación aumenta y los suelos arenosos desecan los escasos cursos de agua. Esas áreas contrastan vivamente con las lenguas boscosas que prosperan en las hondonadas y en los lechos de los ríos, donde la mayor humedad favorece su propagación.

La fuerte insolación y la elevada temperatura reinante en los áridos pedregales de las cuestas serranas, solo permiten el desarrollo de la estepa arbustiva; pero sin duda el imponente paisaje desértico corresponde a los barreales, de amplia difusión en el bolsón, cuyos suelos impermeables y compactos impiden el desarrollo de la vegetación.

En esta zona predomina el monte de arbustos, que se alterna con árboles de pequeño porte, siguiendo particularmente los cursos de agua y los planos bajos de las sierras, donde llegan a formar galerías. Su aspecto también varía entre las superficies abiertas, donde la vegetación leñosa expuesta al sol y al viento soporta el rigor del clima árido, y en las hondonadas más abrigadas o en los lechos desecados de los ríos estacionales, que guardan humedad subterránea.

Por encima de los 1 500 m de altitud aparece el bosque, con predominio del aliso. En las cumbres los pastizales aptos para el ganado tienden durante el verano su manto de gramíneas y de hierbas. La escasa cantidad de precipitaciones determina que en sus suelos sueltos y permeables solo prospere el bosque chaqueño, en donde la comunidad típica es el quebracho en sus variedades de colorado chaqueño, colorado santiagueño y blanco; también encontramos guayacán, palo santo, guayaibí y algarrobo.

La escasa humedad, la fuerte insolación y la pobreza de los suelos en las laderas occidentales le otorgan a la vegetación un marcado carácter xerófilo (con especies adaptadas a la falta de precipitaciones). Este paisaje contrasta con los árboles del bosque en galerías, cuyos trazos dibujan los cursos de aguas superficiales y delatan con su presencia los ríos subterráneos.

Áreas Naturales Protegidas

La provincia cuenta con un área protegida, la Reserva de la Biósfera de Laguna Blanca, administrada por parques nacionales.

A pesar de la existencia de la Ley Provincial N° 5070, que crea un sistema de Áreas Naturales Protegidas y de áreas propuestas para ser protegidas, aún no se ha efectivizado por problemas relativos a tenencia de tierras y falta de presupuestos para la elaboración de planes de manejo y costos operativos de la implementación. En general esto es percibido como una falta de conciencia de la urgente necesidad de conservar muestras de los recursos naturales.

Esta reserva se creó con el objeto de proteger las características naturales específicas, preservar las especies y diversidad genética, así como los ambientes y ejemplares de animales y vegetales aledaños.

Está compuesta por estepas arbustivas y herbáceas, con formación de vegas en las zonas donde hay disponibilidad de agua. Tolilla, añagua, cuerno de cabra y cactáceas son sólo algunos de los exponentes de la flora puneña. Entre la fauna se destacan las vicuñas, por su abundancia y facilidad de observación. También es posible el avistaje de aves y menos común es la observación de suris, pumas, zorros, gatos andinos, chinchillas, quirquinchos y otras curiosas especies.

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