Biomas de Buenos Aires

En Buenos Aires se observa el dominio del pastizal pampeano, con formación herbácea por excelencia. La familia más importante, por número de especies y abundancia de sus individuos, es la de las gramíneas, que son lo suficientemente fuertes como para soportar heladas, inundaciones y depredación provocada por animales. La vegetación varía según las condiciones de humedad, temperatura y suelo.

Entre los pastos de la región pueden mencionarse paja colorada, pajonal, plumerillo y cortadera. En las áreas de campos altos prevalecen flechillas y cardos, que introducidos artificialmente se han extendido por todo el territorio provincial.

Existe la formación del distrito de los montes de tala, que ocupa una franja que acompaña los cursos del Paraná, del río de la Plata luego y del Atlántico después, hasta las proximidades de Mar del Plata.

La falta de árboles en la llanura pampeana se debe a distintas causas. Una de ellas puede ser la acción del fuego y las sequías; pero es fundamentalmente debida a la gran densidad del tapiz herbáceo, que impide el desarrollo de las especies arbóreas. Entre estas predominan ombúes, ceibos, alerces, cipreses y sauces.

Uno de los especímenes típicos de la fauna es el ñandú, corredor muy veloz capaz de alcanzar 60 km por hora, logrando así escapar de sus depredadores. Otros ejemplares son: venado, zorrino, gato montés, comadreja, peludo y zorro gris.

En la región de las sierras podemos encontrar ciervo colorado y venado de las pampas.

El puma y el yaguareté, predadores característicos de la provincia, se encuentran extinguidos.

En las lagunas y en los esteros pueden hallarse aves como flamencos, gallaretas, patos, chorlos y chajás. Existen aves predadoras, entre ellas el águila mora, el halcón y el chi mango.

En los reservorios de aguas habitan numerosos peces, como los dientudos, las lisas, los pejerreyes, los bagres, los pacúes, los dorados, los surubíes y las bogas. En la zona de las sierras se pueden encontrar truchas.

Dentro de la pampa ondulada la precipitación media anual alcanza los 900 mm anuales en condiciones normales; la mayor parte se infiltra alimentando la capa freática. La flora típica se adapta a las condiciones cambiantes del relieve, que inciden también en la formación de los suelos, los cuales están bien desarrollados, son profundos, ricos en materia orgánica y se encuentran bien drenados en sus lomas y faldeos, donde prospera la estepa herbácea.

En cambio los suelos son pesados y arcillosos en los bajos, donde la estepa se transforma hasta dar lugar a los juncales, totorales y cortaderas de los bañados. Además la vegetación natural se destaca por su inagotable fertilidad, que la transforma en un tapiz herbáceo potable para el ganado, por la abundancia y la calidad de sus aguas superficiales y subterráneas y la suavidad de su clima.

La posición ribereña de los caudalosos ríos navegables y su condición de lugar de tránsito, han hecho de ella la zona más densamente poblada y por ende la más modificada. Se ha sustituido la vegetación natural por una pradera de cultivo, en parte forestada con tal intensidad que ya es imposible rescatar el horizonte original. La misma suerte ha corrido la fauna autóctona, que no puede afrontar la competencia de los animales introducidos por la colonización.

República Argentina 40 117 096 habitantes.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires 2 890 151 habitantes.

Provincia de Buenos Aires 15 625 084 habitantes.

 

En la pampa deprimida, la abundancia de agua y la concurrencia de distintos factores geológicos dieron origen a suelos con escasos sectores de buena aptitud agrícola, lo que ha provocado la preferente orientación del área hacia la actividad ganadera sobre campo natural. Rasgo distintivo del paisaje costero son los talares, islotes de monte que pueblan los cordones de conchilla. Especies palustres prosperan en los bañados y el flechillar se desarrolla en los terrenos altos con suelos arenosos.

Toda el área serrana y la planicie interpuesta son excelentes para la agricultura y la ganadería, aunque con riesgo de sufrir las consecuencias de inundaciones. Ambas márgenes de la bahía presentan un relieve hundido ocupado por un salitral.

La llanura litoral, cuya altitud no excede los 8 m sobre el nivel del mar, es un ambiente salino cubierto por vegetación halófila, más tupida en el denominado cangrejal alto, cubierto solamente por mareas extraordinarias. La vegetación ralea hacia los bajos y forma los peladales que el mar invade normalmente.

En menor proporción encontramos hacia el sur la influencia de los biomas espinal y monte, donde el clima y las características del suelo dan origen a la presencia de la co-dominancia arbórea-herbácea. Se destacan el chañar y el piquillín, que alcanzan 3 m de altura, y un estrato herbáceo de pastos duros.

Áreas Naturales Protegidas

La provincia de Buenos Aires posee un Sistema de Conservación de Ambientes Naturales, que permite asegurar la disponibilidad de los recursos y contribuir al desarrollo, mejorando nuestra calidad de vida.

Estas áreas se hallan agrupadas en Unidades Funcionales de Conservación y suman un total de treinta y nueve; se dividen en parques provinciales, municipales, reservas naturales, de usos múltiples, naturales integradas, botánicas, de biósfera, micológicas, naturales ícticas y ecológicas, monumentos naturales y refugios de vida silvestre; todos ellos se encuentran bajo administración nacional, provincial, municipal, mixta o privada.

Dentro del territorio provincial encontramos la Reserva Natural Estricta Otamendi, administrada por parques nacionales. Pertenece a la eco-región Delta e Islas del Paraná, con sectores de pampa -pastizal de la Pampa Ondulada- y del espinal (talares).

Se pueden encontrar distintos ambientes naturales. Junto al río se presenta un monte ribereño con árboles de mediano porte y ejemplares de aves como el boyero negro, la choca corona rojiza y la pava del monte.

En los terrenos inundables vecinos al río la vegetación dominante es el pajonal, formado por manchones de varias hierbas de gran tamaño, con presencia de carpincho, ciervo de los pantanos, siete colores, gallineta, etc.; sobre el valle del río Luján encontramos pastizales; y por último, sobre la antigua barranca del Paraná, bosques de tala, donde habitan la comadreja overa y aves, como el chinchero chico y la tacuarita azul, pájaro que recorre con movimientos acrobáticos el follaje del talar.

La Reserva conserva restos de antiguas poblaciones prehispánicas correspondientes a grupos cazadores y pescadores, que ubicaban sus asentamientos temporarios en “túmulos” (elevaciones naturales con aportes artificiales) ubicados en las zonas bajas del área, expuestas a anegamientos. El uso económico de este ambiente está ligado a los recursos acuáticos. Prueba de ello es el instrumental recurrente de arpones y puntas confeccionadas en hueso que utilizaron dichas poblaciones.

Los restos de fauna hallados en el río Luján señalan un aprovechamiento intensivo de un tipo de pez, el armado, y de un mamífero roedor, el coipo o “nutria”, que junto a los indicadores y las muestras de cerámica asociadas a este contexto permiten ubicar cronológicamente a estas ocupaciones entre los años 1 000 AC y 1 500 DC. En la zona alta de la Reserva, sobre la barranca, se encuentran restos de un asentamiento histórico de fines del período colonial.

La Reserva es uno de los sitios AICA (Área de Importancia para la Conservación de las Aves) del país. Fue declarada Sitio Ramsar el 22 de marzo de 2008, “Día Mundial del Agua”.

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